Retracción gingival: motivos y soluciones

11/07/2017

La retracción gingival es una anomalía oral muy común y que se desarrolla progresivamente. De no recibir el oportuno tratamiento, puede motivar, incluso, la pérdida de piezas dentales. Pero ¿es posible prevenirla? Averigüemos qué alternativas odontológicas existen para detener su avance y presumir de sonrisa.

La gingivitis y otras causas de la retracción gingival

Este paulatino desgaste del tejido de la encía comienza con la sensibilidad térmica y evoluciona hasta producir muescas en la línea de las encías e, incluso, la afectación del hueso. Vemos nuestros dientes más grandes, nos duele el cepillado y las encías sangran.

Precisamente, enfermedades periodontales como la gingivitis piorrea son 2 de sus principales desencadenantes: la placa bacteriana y sus toxinas, si no son removidas, quedan endurecidas y adheridas al diente. Estos cálculos de sarro irritan las encías y elevan el riesgo de infección bacteriana y caries.

Completan la relación de las posibles causas del retraimiento de las encías:

– La herencia genética.

– Un cepillado agresivo, especialmente visible en los caninos y premolares inferiores.

– Los cambios hormonales de la mujer, que la predisponen a la gingivitis.

– El tabaquismo.

– El bruxismo.

– La maloclusión o desalineación dental.

– Tratamientos odontológicos mal ejecutados (implantes, coronas, blanqueamiento…).

Posibles tratamientos

En función del origen, de la cantidad y de la calidad del tejido disponible y de la urgencia estética, el odontológo establecerá el correspondiente tratamiento (regenerativo o repositorio).

En los estadios más incipientes será suficiente con la aplicación de geles desensibilizantes; clorhexidina, para controlar la placa; y evitar el cepillado.

Sin embargo, si el tejido blando ha menguado significativamente, deberá procederse al injerto de tejido conectivo del paladar mediante cirugía de recubrimiento radicular.

La diaria higiene oral, con un correcto cepillado vertical, así como el seguimiento de las revisiones odontológicas rutinarias, cada 6-12 meses, son las recomendaciones más efectivas para prevenir sus molestas consecuencias.

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